Abandonar la adicción al tabaco es una quimera para muchas personas. Los renovados intentos de cese del consumo y los repetidos fracasos subsiguientes sólo consiguen acrecentar la sensación de impotencia y el sentimiento de frustración del fumador, perdiendo la motivación y renunciando a una nueva tentativa que quizá podría ser definitiva.
Por otra parte, el aluvión continuo de imágenes terroríficas en los paquetes de tabaco, la información constante por parte de los medios de comunicación de los perjuicios que la adicción causa en la salud propia y ajena, junto con el rechazo social que cada vez se hace más patente, mantienen al fumador en un estado de permanente ansiedad, despojando de cualquier connotación placentera el acto de fumar y convirtiendo el tabaco en verdugo de su tranquilidad y de su autoestima. |